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21 Oct

HABLAR ANTE AUDIENCIAS PEQUEÑAS Y GRANDES

HABLAR ANTE AUDIENCIAS PEQUEÑAS Y GRANDES

HABLAR ANTE PEQUEÑAS AUDIENCIAS

Hablar con una sola persona o con un grupo reducido puede parecer más sencillo que subirse a un escenario. La verdad es que para muchas personas sentir que se dirigen a ellas de manera directa y que no tienen escapatoria es igualmente un infierno. Además, es más fácil ser comprensivo con los nervios de alguien que habla ante 200 personas que ante el temblor de un compañero de trabajo que solo tiene que explicar la evolución del proyecto en el que está trabajando. En esas situaciones, muchas veces existe una confianza relativa entre compañeros que puede llevar a hacer bromas o interrupciones causando aún más incomodidad en el orador.

Lo primero que te pido es que pienses en qué situaciones te sientes incómodo, si es ante determinadas personas, si te causan inseguridad ciertos asuntos o si es cuando no conoces el tema del que vas a hablar. Saber en qué situaciones comunicacionales te sientes seguro de ti mismo y en cuáles no es el primer paso para solucionarlo. Prepara lo que vas a decir, tus mensajes clave que luego tendrás que desarrollar en función de cómo evolucione la comunicación. Cuanto menos tengas que improvisar, mejor, pero no desesperes si lo que tenías planeado cambia.

En las conversaciones en grupos pequeños, todo suele ser más informal y se alteran los planes más fácilmente. Tendrás que estar preparado y abierto a que cambie el tema de conversación, se aparque la decisión para otro momento o a que el encuentro acabe con una comida y siga en la sobremesa. Si te cuesta adaptarse a los cambios intenta prever todas las situaciones posibles. Valora si determinados recursos, como presentaciones de PowerPoint, tienen sentido o están fuera de lugar por las circunstancias. Si es adecuado, úsalos; si no, tendrás que valerte por ti mismo o llevar algo impreso que puedas mostrarles cuando hablas.

Intenta generar confianza con tus interlocutores. En las distancias cortas las sensaciones son muy importantes, al igual que el lenguaje no verbal. Intenta personalizar lo que estás explicando, pero si estás hablando de temas de trabajo nunca entres en el terreno personal. La escucha activa te será muy útil tanto para generar esa confianza como para recibir información del otro; a todo el mundo le gusta sentirse escuchado de verdad, no solo oído. Intenta alejar los miedos que te crean inseguridad. Si alguien te pregunta algo que no sabes, no pasa nada, apúntalo y respóndele que le enviarás la información más tarde o al día siguiente.

Si surge un tema no previsto y que no es tu área de especialidad, no pasa nada por reconocerlo. Si te equivocas, simplemente discúlpate. A menudo somos más exigentes con nosotros mismos que los demás, no permitas que eso te bloquee.

HABLAR ANTE UNA GRAN AUDIENCIAS

¿Alguna vez has tenido que ponerte delante de una gran audiencia? Subes al escenario y todas las miradas se dirigen a ti esperando tus palabras y el miedo escénico que sufrías antes de empezar aumenta por momentos. Piensas que se te va a olvidar todo y que vas a quedar en ridículo. Bueno, si te has sentido así, espero que te consuele saber que en menor o mayor medida le sucede a casi todo el mundo –incluso los oradores más experimentados se ponen nerviosos, y lo digo por experiencia–. Pero ese miedo no es tan malo como te puede parecer, porque te mantiene alerta.

El secreto está en saber controlarlo. ¿Y cómo puedes controlarlo? Lo primero que tienes que hacer es llevar bien preparada tu intervención, no dejes lugar a la improvisación. Es bueno que al exponer todo parezca espontáneo, pero solo que lo parezca, porque para improvisar hay que tener mucha experiencia hablando en público e incluso esas personas se preparan las presentaciones. para que el resultado sea bueno es fundamental que conozcas a tu público y adaptes la presentación para él. No es lo mismo hablar ante un grupo de expertos en neurocirugía que ante estudiantes escolares.

El lenguaje, el tema y el enfoque que le tienes que dar debe cambiar mucho. De lo contrario, si no lo adaptas a tu público tienes muchas posibilidades de que se aburra, no lo entienda o que les parezca flojo en cuanto a contenido. Esto además te permitirá pensar en otros recursos que te pueden ayudar. El humor será adecuado en determinados momentos pero totalmente fuera de lugar en otros. Aportar gran cantidad de datos que refuercen tus palabras será bien recibido por algunos públicos, pero otros se dormirán. La mejor forma de acertar es pensar en tu audiencia, esto te dará mucha seguridad en ti mismo.

También te servirá toda la información de la situación que puedas recabar con anterioridad, como el tamaño de la sala, el número de asistentes y si hablarás sentado o de pie. Conocer el lugar, saber con quién vas a compartir mesa, si hay otras presentaciones, el tiempo de que dispones y asegurarte de que no haya fallos –por ejemplo, técnicos– será una gran ayuda. Otro consejo muy útil –diría que imprescindible– es que practiques antes tanto como puedas. Ensaya tu presentación delante del espejo, grábate con el móvil o con una cámara casera para luego poder verte y darte cuenta de tus fallos.

Cuanto mejor sepas lo que vas a decir y más controlados tengas tus errores, más tranquilo podrás ir. Hacer ejercicios de relajación tanto en las horas previas como un rato antes de la presentación te será muy útil. Sin embargo, evita tomar medicación como ansiolíticos, sobre todo si no estás acostumbrado, porque pueden provocarte efectos inesperados que te perjudiquen. Tampoco el alcohol y las bebidas excitantes te ayudarán, aunque si estás acostumbrado al café no te hará mal. Y, por último, algunos consejos sobre tu lenguaje corporal que te serán muy útiles como parte de tu comunicación.

Para empezar, adopta una postura que transmita seguridad en ti mismo. No demuestres prepotencia pero sí que conoces el tema del que vas a hablar, controlas la situación y no estás nervioso aunque lo estés. Ten el cuerpo firme, la cabeza alta –aunque no demasiado– y los hombros hacia atrás. Establece contacto visual paseando la mirada por el público relajadamente. Adoptar posturas o gestos propios de las personas con autoconfianza tiene un cierto efecto de engaño sobre los demás y, lo que es más importante, sobre uno mismo.

Empezarás a sentirte más tranquilo y confiado. Muévete de forma distendida por el escenario, muéstrate abierto, sincero y accesible. Enseña las palmas de las manos, y si la ocasión y el público lo propician invita a participar mediante preguntas o alusiones. Sonríe, no de forma bobalicona sino para mostrar simpatía. Por último, ten una cosa clara: si estás ahí, si te han invitado o te han propuesto que hables ante el público es porque tienes algo que aportar.

¿Qué acciones tomarás en tu negocio y en tu vida, en este sentido?

Comentarios e Información: josevillacis@actioncoach.comwww.coachpepevillacis.com  –  Cel. (442) 263-3009

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