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13 Jun

EVITAR CONVERSACIONES DIFÍCILES: MALA IDEA PARA UN LÍDER

EVITAR CONVERSACIONES DIFÍCILES: MALA IDEA PARA UN LÍDER

Seamos completamente honestos por un momento: ¿Cuántas veces usted mismo encuentra una excusa para no tener una conversación importante con alguien? ¿Qué racionalizaciones o justificaciones se da a si mismo para validar su evasión?

Las justificaciones más comunes tienen que ver con:

Esta lista podría seguir y seguir, porque la verdad es que somos excelentes para encontrar excusas para evitar situaciones difíciles – especialmente cuando implican conversaciones cara a cara.

De hecho, el 70 por ciento de los empleados aceptan, en encuestas recientes, que postergan y evitan conversaciones difíciles con su jefe, colegas y subordinados directos.

¿Qué pasa cuando las conversaciones difíciles se siguen evitando o “sacateando”?

¿Qué ocurre cuando evitamos estos momentos importantes? ¿Qué pasa si no tener la conversación difícil es más riesgoso y costoso que ser valiente y tenerla?

Cuando no se tienen las conversaciones que son necesarias, cada persona inventará historias sobre la situación debido a que nunca ha tenido una oportunidad real para entender la verdad.

Puede ser su jefe que no sabrá que usted se preocupa profundamente acerca de un proyecto o un colega que no sabrá que usted desea que su relación sea mejor. Las personas no lo podrán saber si usted no tiene el valor para tener una conversación.

Cuando esto sucede, puede ser muy costoso. Hay estudios que indican que cada conversación individual que no se tiene, cada uno cuesta a una organización US$$ 7.500 y más de siete días de trabajo en merma de productividad.

Por otro lado, es más económico tener una auténtica conversación, sincera, aunque sea dura al inicio, es posible que se den primeros pasos hacia una solución, o cual siempre es bueno, no importa lo pequeño que pueda parecer en ese momento el problema.

Usted hizo lo que debía hacer, al menos se reunió el valor necesario y se preocupó lo suficiente para asumir la conversación – para llevar el tema a esa persona. Esto es importante. Este enfoque menos miedoso a las conversaciones no sólo es una buena inversión para nosotros individualmente, sino también para nuestras organizaciones.

Cómo enfrentar las conversaciones difíciles, conozca los pasos para crear claridad.

Para empezar a solucionar estos problemas en su organización, empiece a mirar hacia estas tres áreas comunes que son fuentes de claridad:

  1. Objetivos y Propósito bien definidos y conocidos

Si la gente no sabe para qué propósito está trabajando, sus acciones diarias tendrán confusión y poco contexto. Si los empleados y los líderes tienen diferentes objetivos, o si alguien no está claro de lo cuáles son sus resultados esperados, el nivel de compromiso se ve muy afectado.

Tener conversaciones en torno a las expectativas con todos los involucrados es necesario. Incluso escribir y difundir una “declaración de propósito” como individuos y como equipo, respondiendo a estas preguntas:

¿A dónde vamos?

¿Por qué vamos allí?

¿Quien va con nosotros?

¿Cómo vamos a llegar?

¿Y cuando lleguemos, quién y cómo se beneficia?

  1. Funciones y Responsabilidades claras

Una descripción formal del trabajo les da a los empleados una comprensión general de su papel dentro de una organización, pero cuando se trata de tareas del día a día, entonces la claridad puede desaparecer. Aquí es donde las conversaciones de delegación son esenciales.

Delegar con eficacia puede crear claridad en torno, por ejemplo, a si un individuo es responsable de tarea determinada o si simplemente tiene que intervenir en la tarea.

Los empleados necesitan saber dónde empiezan y terminan sus responsabilidades, y si (y cómo) las responsabilidades se enlazan o engranan con las de sus compañeros de trabajo.

  1. Conversaciones efectivas

Las conversaciones efectivas son la solución para ganar claridad, y para las conversaciones sean eficaces, tienen que llevarse a cabo con frecuencia e incluyen preguntas aclaratorias y verificación de comprensión y compromisos generados. ¡Ya no debemos evitarlas! Tenemos que estar dispuestos a comunicar lo que realmente estamos pensando y sintiendo.

La frecuencia es especialmente importante cuando se trata de dar y solicitar retroalimentación. Tomar un enfoque de “apenas sucede, me tranquilizo y luego lo hablo” es el mejor enfoque, ya que esto da claridad a los empleados sobre las áreas potenciales en que pueden mejorar.

Parafrasear lo que me están diciendo (repetirlo para evitar confusiones), en combinación con hacer preguntas aclaratorias cuando algo no está claro, son las dos habilidades de conversación que pueden reducir de manera significativa la falta de comunicación.

Cuando deje de evitar conversaciones y se enfoque a crear claridad, mejorará el compromiso de su personal, ya su vez, obtendrá resultados tangibles más consistentes.

¿Qué acciones tomarás en tu negocio y en tu vida, en este sentido?

Comentarios e Información: www.coachpepevillacis.com Cel. (442) 263 3009 josevillacis@actioncoach.com

 

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